Villapinzón no es solo páramo y curtiembres. Quien se detenga a mirar con calma va a encontrar que este territorio está lleno de vida animal por todas partes: en los potreros, en las quebradas, en los techos de las casas, en los bordes del río y en las noches del subpáramo. Hay animales que conviven con nosotros desde siempre, otros que uno no ve pero sabe que están, y algunos que están desapareciendo y que vale la pena conocer antes de que sea tarde.
Este apartado recoge las especies más representativas que se pueden encontrar en el municipio, organizadas por grupos. No es una guía científica ni pretende serlo; es una invitación a reconocer lo que tenemos cerca y a darle el valor que merece.
La fauna doméstica es la que comparte el día a día con las familias del municipio. Está en los patios, en los establos, en las cocinas y en las calles. Para los animales de granja —ganado, cerdos, aves de corral— pueden consultar la sección de sectores económicos del municipio, donde están descritos con más detalle. Acá nos concentramos en los compañeros de casa.
En Villapinzón, como en cualquier pueblo colombiano, el perro es parte de la familia. Los hay de todos los tamaños y condiciones: los que duermen adentro en una cobija, los que cuidan la finca desde afuera, los que pastorean el ganado en las veredas y los que simplemente andan sueltos por el parque sin dueño claro pero bien conocidos por todos. Son animales que llevan tanto tiempo con nosotros que ya no imaginamos la vida sin ellos.
En el campo cumplen funciones concretas: alertan cuando llega alguien extraño, espantan animales que se meten al cultivo, acompañan en las labores del campo. En los hogares son pura compañía. Y en el municipio, como en muchos otros, también son un tema pendiente en cuanto a bienestar animal y control de población callejera.
El gato se mueve diferente al perro. Más silencioso, más independiente, más dado a hacer lo que le da la gana. En las casas del municipio cumple una función que muchas veces se subestima: controla los ratones. En las fincas y en las tiendas esto no es un detalle menor, porque los roedores pueden hacer daño real en almacenes de grano y despensas.
También hay gatos que viven entre las casas sin pertenecer a nadie en particular, que la gente del barrio cuida colectivamente sin mucho protocolo. Son parte del paisaje del municipio tanto como cualquier otra cosa.
El pato es un animal que se ve con frecuencia en los patios de las casas campesinas de Villapinzón, mezclado con las gallinas y los pavos. Algunos los tienen simplemente porque les gustan, otros porque los aprovechan como alimento o para los huevos. Son animales rústicos que se adaptan bien al clima fresco de la región y que no dan mucho trabajo.
Por favor consultar en sectores economicos del municipio donde se encuentran descritos cada uno de estos animales.
Las aves son quizás el grupo de animales más fácil de observar en Villapinzón. Están en todas partes: en los potreros, en los jardines, en las copas de los árboles, sobrevolando el río y, en las partes más altas, en el borde del páramo. Algunos las ven pasar sin prestarles atención; otros las conocen de toda la vida por su canto sin saber su nombre. Acá les ponemos nombre y cara a algunas de las más comunes.
El colibrí es uno de esos animales que uno ve y no puede creer que sea real. Se queda suspendido en el aire frente a una flor, moviéndose tan rápido que las alas se vuelven borrosas, y uno se pregunta cómo puede existir algo así. Son aves muy pequeñas, entre 7 y 13 centímetros según la especie, y ese plumaje verde, azul o rojo que tanto llama la atención no viene de pigmentos sino de cómo la luz se refracta en las microestructuras de las plumas. Como un arcoíris vivo.
Se alimentan principalmente del néctar de las flores, con ese pico largo y delgado que parece hecho a medida para cada flor que visitan. Pero también comen insectos y arañas pequeñas para obtener proteínas. Son polinizadores importantes en el ecosistema de la zona y se pueden ver en los jardines del municipio siempre que haya flores abiertas.
Las palomas son aves muy conocidas y se encuentran en todo el mundo. Aquí tienes una descripción general de las palomas:
Tamaño: Las palomas varían en tamaño, pero en su mayoría son aves de tamaño mediano con cuerpos redondeados y patas cortas.
Plumaje: El plumaje de las palomas es generalmente de tonos grises o marrones, aunque hay muchas variedades de palomas que pueden tener plumajes de colores más variados.
Pico: Tienen picos rectos y delgados que les permiten picotear alimentos como granos y semillas.
Alimentación: Las palomas son omnívoras y se alimentan principalmente de semillas y granos, pero también comen insectos y otros pequeños invertebrados. También son conocidas por buscar comida en áreas urbanas y consumir desperdicios de alimentos.
Comportamiento: Son aves sociales y a menudo se agrupan en bandadas. Son conocidas por su capacidad de orientación y su capacidad para regresar a sus nidos desde largas distancias.
Hábitat: Las palomas se adaptan a una amplia variedad de hábitats, desde zonas urbanas hasta áreas rurales y bosques.
Las palomas son las aves más democráticas que existen: están en la plaza del pueblo, en los potreros, en los techos, en los caminos veredales. Las hay de varias especies, pero las más comunes en Villapinzón son las palomas domésticas y las torcazas. Las torcazas son más grandes, con ese plumaje gris que puede tener un tono rosado en el pecho, cola larga y puntiaguda, y patas de color rojo claro. Se alimentan de semillas y granos, y a veces hacen daño en los cultivos cuando llegan en grupos.
Lo que muchos no saben es que las palomas tienen una capacidad de orientación extraordinaria. Pueden volver a su nido desde distancias enormes, lo que las hizo útiles como mensajeras durante siglos. Hoy simplemente son parte del paisaje del municipio, con ese arrullo constante que es casi el sonido de fondo de cualquier tarde de pueblo.
Nombre científico: Zonotrichia capensis
El copetón es el pájaro de los parques colombianos por excelencia, y Villapinzón no es la excepción. Es ese pájaro pequeño, de unos 15 centímetros, que uno ve saltando por el piso buscando migas o semillas. El macho tiene la cabeza negra y blanca con ese copete puntiagudo que le da el nombre, el pecho con un tono amarillo pálido y el resto del cuerpo gris. Las hembras son más discretas, en tonos marrones con rayas.
Lo que más lo delata es su canto: una serie de silbidos claros que repite desde las ramas o los cables. Los machos cantan para marcar territorio y atraer hembras, y lo hacen con bastante constancia. Es de esos cantos que uno escucha desde niño sin saber de qué pájaro viene, y cuando se entera dice: 'ah, claro, ese'.
Nombre científico: Turdus fuscater
La mirla es otro de los pájaros más conocidos del municipio. El macho es completamente negro con el pico y un anillo alrededor de los ojos de color amarillo anaranjado, muy llamativo. La hembra es más discreta, en tonos marrones. Son aves activas que se ven buscando gusanos e insectos en el suelo, dando esos saltitos característicos que los hace fáciles de reconocer.
Pero lo que más se recuerda de la mirla es su canto. Tiene una variedad de trinos y gorjeos que suenan casi como improvisaciones musicales, especialmente en las primeras horas de la mañana. En las casas con jardín del municipio son visitantes frecuentes, y a algunos les gustan tanto que les dejan agua o fruta.
Nombre científico: Hirundo rustica
Cuando llegan las golondrinas a Villapinzón es señal de que algo está cambiando en el clima o en la temporada. Son aves pequeñas y esbeltas, de unos 17 centímetros, con esa cola bifurcada tan característica que las distingue en vuelo desde lejos. Por arriba son de un azul oscuro casi negro; por abajo, blancas con un toque rosado en el pecho y la garganta.
Lo que más llama la atención de las golondrinas es su vuelo: rasante sobre el suelo o el agua, con giros bruscos y cambios de dirección instantáneos mientras cazan insectos al vuelo. Son insectívoras puras, muy útiles para el ecosistema. Construyen sus nidos de barro bajo los aleros de los edificios y en los cobertizos, lo que las hace vecinas cercanas de las familias del municipio.
La garza es una de esas aves que cuando aparece junto al río o en un potrero húmedo, uno la mira y algo se tranquiliza. Son aves largas, esbeltas, de cuello largo y pico afilado, con ese porte quieto y paciente mientras esperan el momento exacto para atrapar un pez o una rana. En Villapinzón se ven principalmente cerca del río Funza-Bogotá y de las quebradas, aunque también se meten a los potreros cuando el terreno está húmedo y hay lombrices a la vista.
La más común es la garza del ganado, esa blanca que sigue a las vacas por el potrero aprovechando los insectos que levantan al caminar. Es una relación conveniente para ambos: la garza come, la vaca se libra de algo de los insectos.
Búho
Lechuza
De noche, cuando el municipio se queda en silencio, es cuando estos salen a trabajar. El búho tiene esa cabeza grande y redonda, los ojos enormes adaptados para ver en la oscuridad, y ese plumaje en tonos terrosos que lo hace casi invisible contra la corteza de un árbol. La lechuza se distingue por su cara en forma de corazón y su vuelo completamente silencioso, que le permite acercarse a una presa sin que esta lo note.
Ambos son cazadores nocturnos especializados en roedores principalmente, aunque también comen aves pequeñas e insectos. En el campo del municipio son aliados naturales del agricultor porque controlan las poblaciones de ratones que hacen daño en los cultivos y los almacenes. Lamentablemente, la deforestación y la pérdida de árboles viejos con huecos —donde anidan— los ha reducido en muchas zonas.
El cernícalo es un halcón pequeño que se ve posado en los cables de luz o en las ramas altas de los árboles, escaneando el terreno de abajo. Cuando identifica una presa, se lanza en picada con una velocidad y precisión que parece imposible para un animal de ese tamaño. Come principalmente insectos, lagartijas y ratones pequeños.
Es un ave rapaz adaptable que sobrevive tanto en zonas rurales como en los bordes del casco urbano del municipio. Su presencia es indicador de un ecosistema todavía funcional, con suficientes presas para sostenerlo. Se le puede ver con relativa frecuencia en las veredas y en los potreros de Villapinzón.
Los reptiles no son los animales más queridos del municipio, eso hay que reconocerlo. Mucha gente los teme o simplemente los ignora. Pero cumplen funciones importantes en el ecosistema y vale la pena conocerlos, aunque sea para saber cuáles son peligrosos y cuáles no.
Cuando la gente en Villapinzón dice 'camaleón', generalmente se refiere a unas lagartijas verdosas que cambian de color según el ambiente y que aparecen en los jardines y en las plantas de los antejardines. Técnicamente pueden ser varias especies, pero todas comparten esa característica de cambiar el tono de la piel que tanto fascina a los niños.
Son animales completamente inofensivos para los humanos. Se alimentan de insectos y son más lentos y deliberados que las lagartijas comunes. Los ojos que pueden moverse de manera independiente, cada uno mirando en una dirección diferente, son quizás su rasgo más extraño e impresionante.
La lagartija común es probablemente el reptil más visto en el municipio. Aparece en las paredes de las casas, en las piedras al sol, en los bordes de los caminos. Son ágiles, rápidas, y cuando uno trata de atraparlas suelen escapar dejando la cola atrás, que sigue moviéndose por unos segundos para distraer al depredador mientras la lagartija huye. Después regeneran la cola, aunque la nueva no es idéntica a la original.
Se alimentan de insectos y son aliadas del jardín y de la huerta porque controlan plagas de manera natural. El color y los patrones varían bastante entre individuos, lo que a veces confunde a la gente haciéndola pensar que son especies distintas.
Las serpientes generan reacciones fuertes en casi todo el mundo, y en el campo colombiano eso se multiplica. La realidad es que en Villapinzón hay varias especies, la mayoría completamente inofensivas para los humanos, y algunas que sí pueden ser peligrosas. El problema es que pocas personas saben distinguirlas, lo que lleva a que se maten serpientes útiles por miedo.
Las serpientes cumplen un papel fundamental como controladoras de roedores. Una serpiente en un potrero o en un cultivo es, en la mayoría de los casos, una aliada. Mudan la piel periódicamente —ese proceso se llama ecdisis— para crecer, y esa piel vacía que uno encuentra a veces en el campo es señal de que hay serpientes activas en la zona. Ante la duda de si una serpiente es venenosa o no, lo más sensato es alejarse y no tocarla.
Los anfibios son quizás los animales más sensibles a los cambios ambientales de todo el municipio. Su piel permeable los hace vulnerables a la contaminación del agua y del suelo, y su ciclo de vida —que transcurre parte en el agua y parte en tierra— los expone a los problemas de ambos ambientes. Por eso, cuando los anfibios empiezan a desaparecer de una zona, es una señal de que algo no está bien.
El sapo es un animal con muy mala prensa y ninguna razón para tenerla. Esa piel rugosa y esos ojos saltones que a tanta gente le generan rechazo son simplemente adaptaciones a su forma de vida. Sí es cierto que las glándulas que tiene detrás de los ojos pueden secretar sustancias irritantes cuando el animal se siente amenazado, pero para eso sirven: para defenderse de los depredadores. No atacan a nadie.
En Villapinzón, los sapos aparecen especialmente en las noches lluviosas, cuando salen a cazar insectos con esa lengua pegajosa que disparan con una velocidad increíble. Son uno de los mejores controles naturales de mosquitos e insectos nocturnos que existen. Cada sapo que vive en los jardines y humedales del municipio está haciendo un trabajo que ningún insecticida puede reemplazar del todo.
Los mamíferos silvestres de Villapinzón son los más difíciles de ver, precisamente porque la mayoría son nocturnos y esquivos. La deforestación y la expansión de los cultivos y potreros los ha empujado hacia los bordes del páramo y los bosques más alejados. Pero están ahí, y conocerlos vale la pena aunque sea para entender qué se está perdiendo.
Nombre científico: Cavia porcellus / Dasyprocta punctata
En Villapinzón el nombre 'curí' puede referirse a dos animales muy distintos según el contexto. En las casas campesinas, el curí es el conejillo de indias doméstico, ese roedor pequeño y gordito que se cría en los patios para comer. En el monte, la palabra puede usarse también para el agutí, un roedor silvestre de tamaño mediano con patas largas y pelo grueso de tonos marrones, que se mueve por los bordes del bosque.
El agutí silvestre cumple un papel importante como dispersor de semillas. Come frutas y entierra semillas para consumirlas después, pero olvida muchas de ellas, que terminan germinando. Es básicamente un sembrador involuntario del bosque.
La fara —o zarigüeya, según dónde se hable— es ese animal de cara blanca y cuerpo gris que aparece de noche en los patios, en los gallineros y en los árboles frutales. Mucha gente los trata como plagas y los persigue, pero en realidad son animales sumamente útiles: comen insectos, carroña y frutas en descomposición, limpiando el entorno de cosas que podrían atraer otros animales o generar enfermedades.
Son marsupiales, lo que significa que las crías nacen muy pequeñas e inmaduras y terminan su desarrollo en la bolsa de la madre. Cuando crecen un poco, se aferran al lomo de la madre y así van aprendiendo el territorio. Esa imagen es de las más tiernas que puede ofrecer la fauna nocturna del municipio, aunque poca gente la ve porque todo pasa de madrugada.
El ratón es, seamos honestos, uno de los animales más presentes en el municipio aunque también uno de los menos bienvenidos. En las cocinas, los almacenes de grano y las bodegas hacen daño real, y su capacidad de reproducción hace que el problema crezca rápido si no se controla. Sin embargo, en los ecosistemas naturales —potreros, bordes de quebrada, bosques— son parte fundamental de la cadena alimentaria.
Son la base de la dieta de búhos, cernícalos, zorros, comadrejas y serpientes. Sin ratones, muchos de estos predadores no podrían subsistir. Lo que es plaga en la despensa es alimento esencial en el campo.
El tigrillo es uno de esos animales que en Villapinzón existe más en los rumores que en las observaciones directas. La gente mayor del campo habla de haberlos visto hace décadas, o de encontrar rastros en el barro. Son félidos pequeños —parientes lejanos del jaguar— con un pelaje manchado hermosísimo que lamentablemente ha sido su condena, porque durante décadas fueron cazados por su piel.
Hoy están en una situación complicada. La reducción de su hábitat por la deforestación y la fragmentación del bosque los confinó a los remanentes boscosos más alejados. Como bien señala José Fernando González, del Proyecto de Conservación de Aguas y Tierras (ProCAT): los carnívoros pequeños reciben mucha menos atención en investigación y conservación que las especies grandes y carismáticas. Nadie habla del tigrillo con el mismo fervor que del jaguar o del cóndor, aunque también merece esa atención.
Los conejos silvestres en las veredas de Villapinzón son pequeños, rápidos y muy difíciles de ver en detalle porque desaparecen entre la hierba en cuanto detectan presencia humana. Son herbívoros que se alimentan de pastos y plantas, y que viven en madrigueras bajo el suelo. Sus orejas largas no son solo un rasgo físico llamativo: son su sistema de alerta temprana, capaces de girar independientemente para captar sonidos de diferentes direcciones.
En las fincas a veces se cría conejo doméstico como fuente de carne, lo que es una tradición campesina de la región. Los silvestres, en cambio, llevan sus propias vidas en los potreros y matorrales, contribuyendo a la cadena alimentaria como presa de rapaces y mamíferos carnívoros.
La comadreja es un animal pequeño, delgado y alargado, de movimientos rápidos y actitud decidida. Tiene ese pelaje bicolor clásico: marrón por arriba, blanco por abajo. A pesar de su tamaño, es un cazador eficiente que puede entrar en las madrigueras de ratones y perseguirlos en lugares donde otros predadores no alcanzan. También es conocida por cazar más de lo que puede consumir de una vez, escondiendo el excedente para después.
En el campo del municipio ayuda a controlar las poblaciones de roedores, lo que la convierte en aliada de los agricultores, aunque no siempre sea percibida así. Como muchos animales silvestres de la región, está siendo afectada por la reducción de hábitat.
El armadillo es uno de los animales más particulares de la fauna del municipio. Esas placas óseas que cubren su espalda y que parecen una armadura medieval son únicas en los mamíferos americanos. Cuando se siente amenazado, el más conocido de todos —el armadillo de nueve bandas— puede enrollarse parcialmente, aunque no forma una bola perfecta como en la imaginación popular.
Es principalmente insectívoro y excava con sus garras fuertes para encontrar hormigas, termitas y lombrices. En el campo se pueden ver los hoyos que hace buscando comida. Lamentablemente también es cazado para comer en algunas zonas rurales, lo que ha reducido sus poblaciones.
Los murciélagos son los únicos mamíferos que vuelan de verdad —no planeo, sino vuelo activo— y en Villapinzón hay varias especies. Muchos los asocian con vampiros y películas de terror, pero la realidad es que los murciélagos colombianos son en su mayoría insectívoros o frugívoros. Los que comen insectos son controladores naturales de mosquitos y polillas de noche. Los frugívoros son dispersores de semillas fundamentales para la regeneración de bosques.
Se guían mediante ecolocación: emiten sonidos de alta frecuencia y analizan los ecos para detectar obstáculos y presas en la oscuridad total. Es un sistema de navegación más preciso que cualquier tecnología que hayamos inventado para ese propósito. En las casas viejas del municipio y en las cuevas del sector a veces forman colonias que la gente ve con preocupación, pero que en realidad son señal de un ecosistema todavía vivo.
Los insectos son el grupo de animales más numeroso del planeta y en Villapinzón no es la excepción. Están en todas partes, haciendo trabajos que la mayoría de la gente no nota: polinizando cultivos y plantas silvestres, descomponiendo materia orgánica, alimentando a docenas de otras especies. Sin insectos, el ecosistema del municipio colapsaría en muy poco tiempo.
El saltamontes es uno de esos insectos de la infancia: el que uno perseguía en el prado, el que saltaba cuando uno casi lo tenía. Son herbívoros y en pequeñas cantidades forman parte normal del ecosistema. En grandes cantidades pueden ser plaga, dañando cultivos de manera considerable. En el municipio son comunes en los potreros y bordes de camino, especialmente en temporadas secas.
Son activos de día y fáciles de ver. Ese sonido raspante que producen —técnicamente se llama estridulación— lo hacen frotando las patas traseras contra las alas, y es parte del paisaje sonoro de cualquier potrero en verano.
La chinche es de esas cosas que uno preferiría no tener que mencionar, pero en el municipio, como en cualquier lugar del mundo, existen. Son insectos pequeños, de unos 5 a 7 milímetros, que se alimentan de sangre humana durante la noche. Se esconden en grietas, en los colchones, en los marcos de las camas. No transmiten enfermedades graves, pero las picaduras producen irritación y, en personas sensibles, reacciones alérgicas. Su control requiere limpieza rigurosa y a veces tratamiento profesional.
La abeja merece un lugar de honor en cualquier descripción de la fauna de Villapinzón. No solo porque produce miel, que algunas familias del municipio aprovechan, sino porque sin ella muchos de los cultivos de la región simplemente no darían fruto. La papa, las hortalizas, los árboles frutales: todos dependen en mayor o menor medida de la polinización que hacen las abejas al ir de flor en flor.
Viven en colonias organizadas de manera que parece casi imposible: hay una reina que pone huevos, zánganos para fecundar, y miles de obreras que recolectan néctar y polen, construyen el panal, cuidan a las larvas y defienden la colmena. La famosa danza de la abeja no es folclore: es un sistema de comunicación real mediante el cual una obrera le transmite a las demás la dirección y distancia de una fuente de néctar. Chapeau.
La libélula es uno de los insectos más antiguos del mundo; sus antepasados ya volaban hace más de 300 millones de años, mucho antes de los dinosaurios. Hoy en día se ven cerca de las quebradas y el río del municipio, con esas alas transparentes que brillan al sol y ese cuerpo alargado de colores a veces increíbles: azul metálico, verde, rojo.
Son depredadoras eficientes tanto en su etapa larval —que viven bajo el agua y cazan otros insectos acuáticos— como en la adulta, cuando cazan mosquitos y moscas al vuelo. Su presencia cerca de cuerpos de agua es señal de que el agua está relativamente limpia, porque son sensibles a la contaminación. Por eso, verlas en el río Bogotá a su paso por el municipio o no verlas dice mucho sobre el estado del agua.
Son insectos pertenecientes al orden Diptera, que se caracterizan por tener solo dos alas funcionales, mientras que la mayoría de los insectos tienen cuatro alas. Aquí tienes una descripción general de las moscas:
Tamaño y apariencia: Las moscas varían en tamaño, pero en general, son insectos pequeños a medianos. Tienen un cuerpo dividido en tres partes: cabeza, tórax y abdomen. Sus antenas son cortas y tienen grandes ojos compuestos que ocupan la mayor parte de su cabeza. A menudo, su cuerpo es de color gris o negro, aunque la coloración puede variar según la especie.
Hábitat: Las moscas se encuentran en todo el mundo y habitan una amplia variedad de hábitats, desde áreas urbanas hasta entornos naturales. Son insectos adaptativos y se han adaptado bien a vivir en áreas donde hay fuentes de alimento disponibles.
Alimentación: La mayoría de las moscas son omnívoras y se alimentan de una variedad de alimentos, incluyendo materia en descomposición, excrementos, néctar de flores y otros insectos más pequeños. Algunas moscas también pueden ser depredadoras.
Comportamiento: Las moscas son conocidas por su vuelo rápido y ágil. Tienen la capacidad de moverse en todas las direcciones, lo que les permite evadir a los depredadores y buscar alimento. Son atraídas por olores fuertes y, a menudo, se asocian con lugares donde hay descomposición de materia orgánica.
Reproducción: Las moscas tienen un ciclo de vida completo que incluye las etapas de huevo, larva, pupa y adulto. La mayoría de las especies de moscas ponen huevos en materia orgánica en descomposición, como basura o alimentos en descomposición. Las larvas, conocidas como gusanos, se alimentan de esta materia y luego se pupan para convertirse en adultos.
Las mariposas son la parte visible y hermosa de lo que en realidad es una historia de transformación radical. Empiezan como huevo, pasan a oruga —que come con una voracidad impresionante— luego a crisálida, donde ocurre algo que la ciencia todavía no termina de explicar del todo, y emergen completamente distintas, con alas. Todo ese proceso en unas pocas semanas.
En el páramo de Guachenéque y sus alrededores hay especies adaptadas a las condiciones de alta montaña, como el espejito de páramo (Dione glycera), Pedaliodes polla y Catasticta semiramis, que son especies de mariposas que viven solo en ecosistemas de páramo y subpáramo. Verlas es señal de que el páramo está bien. También hay polillas nocturnas, menos llamativas pero igualmente importantes en la cadena alimentaria de la noche.
Espejito de páramo
Dione glycera
Pedaliodes polla
Catasticta semiramis
Polillas
El río Funza-Bogotá nace en el páramo de Guachenéque, en Villapinzón, y a lo largo de su paso por el municipio alberga una fauna acuática que ha sufrido enormemente por la contaminación de las curtiembres. La historia ambiental del río en este tramo es una de las más documentadas y preocupantes de todo el país. Aún así, en las partes más altas y en las quebradas afluentes todavía hay vida.
La trucha es el pez más emblemático de las aguas frías de montaña y, en las quebradas más limpias del municipio, todavía se puede encontrar. Son peces alargados, de colores que van del verde oliva al marrón con manchas oscuras, que viven en aguas frías, oxigenadas y con corriente. En el municipio hay tradición de pesca de trucha en algunos sectores, y algunas familias tienen criaderos como actividad productiva.
La trucha es además un indicador de la calidad del agua: si las truchas viven en un río o quebrada, es porque el agua todavía tiene los niveles de oxígeno y limpieza que necesitan. En las partes del río más contaminadas por los vertimientos de las curtiembres, las truchas simplemente no sobreviven.
El cangrejo de río es uno de esos animales que los niños del municipio que han crecido cerca de quebradas conocen de primera mano: ese ser de patas largas y pinzas que vive bajo las piedras y que uno perseguía en el agua. Son crustáceos de agua dulce, completamente distintos a los cangrejos de mar, adaptados a vivir en corrientes frías y bien oxigenadas.
Al igual que la trucha, son sensibles a la contaminación y su presencia o ausencia en las quebradas del municipio habla del estado del agua. En los sectores más afectados por vertimientos, han desaparecido. En las quebradas más altas, alejadas de las curtiembres, todavía se pueden encontrar.
Las siguientes obras constituyen el sustento histórico, biológico y documental de la fauna del municipio de Villapinzón, Cundinamarca:
BirdLife International. (2023). Species factsheets: Colombian Andean birds. BirdLife International.
https://www.birdlife.org
Hilty, S. L., & Brown, W. L. (2001). Guía de las aves de Colombia (2.ª ed.). American Birding Association.
McMullan, M., Donegan, T. M., & Quevedo, A. (2010). Field guide to the birds of Colombia. Fundación ProAves.
Restall, R., Rodner, C., & Lentino, M. (2006). Birds of northern South America: An identification guide (2 vols.). Christopher Helm.
Alberico, M., Cadena, A., Hernández-Camacho, J., & Muñoz-Saba, Y. (2000). Mamíferos (Synapsida: Theria) de Colombia. Biota Colombiana, 1(1), 43-75.
González-Maya, J. F., & ProCAT Colombia. (2015). Carnívoros medianos y pequeños de Colombia: estado del conocimiento y prioridades de conservación. Mammalogy Notes, 2(1), 1-5.
Solari, S., Muñoz-Saba, Y., Rodríguez-Mahecha, J. V., Defler, T. R., Ramírez-Chaves, H. E., & Trujillo, F. (2013). Riqueza, endemismo y conservación de los mamíferos de Colombia. Mastozoología Neotropical, 20(2), 301-365.
Castro-Herrera, F., & Vargas-Salinas, F. (2008). Anfibios y reptiles en el departamento del Valle del Cauca, Colombia. Biota Colombiana, 9(2), 251-277.
Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt. (2004). Anfibios de Colombia (Vol. I). Instituto Humboldt.
Lynch, J. D. (1994). The amphibians and reptiles of Colombia. Caldasia, 17(82-83), 393-416.
Rueda-Almonacid, J. V., Lynch, J. D., & Amézquita, A. (Eds.). (2004). Libro rojo de los anfibios de Colombia. Conservación Internacional Colombia; Instituto de Ciencias Naturales, Universidad Nacional de Colombia; Ministerio del Medio Ambiente.
Andrade-C., M. G. (2011). Estado del conocimiento de la biodiversidad en Colombia y sus amenazas: consideraciones para fortalecer la interacción ciencia-política. Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 35(137), 491-507.
Constantino, L. M. (1999). Mariposas comunes de la Cordillera Central de Colombia: guía de campo. Centro Nacional de Investigaciones del Café - CENICAFÉ.
Lamas, G. (Ed.). (2004). Checklist: Part 4A. Hesperioidea - Papilionoidea. En J. B. Heppner (Ed.), Atlas of Neotropical Lepidoptera (Vol. 5A). Association for Tropical Lepidoptera.
Mojica, J. I., Galvis-Vergara, G., Sánchez-Duarte, P., Castellanos-Morales, C. A., & García-Melo, J. E. (2012). Peces de la cuenca del río Magdalena, Colombia: diversidad, amenazas y perspectivas. En J. I. Mojica, J. S. Usma, R. Álvarez-León, & C. A. Lasso (Eds.), Libro rojo de peces dulceacuícolas de Colombia (pp. 9-18). Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt.
Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia. (2013). Resolución 0935 de 2013: por la cual se establecen los criterios y procedimientos para la cría en cautiverio de trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss). Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.
Etter, A., McAlpine, C., Wilson, K., Phinn, S., & Possingham, H. (2006). Regional patterns of agricultural land use and deforestation in Colombia. Agriculture, Ecosystems & Environment, 114(2-4), 369-386.
https://doi.org/10.1016/j.agee.2005.11.013
Morales, M., Otero, J., Van der Hammen, T., Torres, A., Cadena, C., Pedraza, C., Rodríguez, N., Franco, C., Betancourth, J. C., Olaya, E., Posada, E., & Cárdenas, L. (2007). Atlas de páramos de Colombia. Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt.
Parques Nacionales Naturales de Colombia. (2021). Ecosistemas de páramo: funciones ecológicas y biodiversidad. PNN Colombia.
https://www.parquesnacionales.gov.co
Rangel-Ch., J. O. (2000). La región paramuna y franja aledana en Colombia. En J. O. Rangel-Ch. (Ed.), Colombia diversidad biótica III: la región de vida paramuna (pp. 1-23). Instituto de Ciencias Naturales, Universidad Nacional de Colombia.