El conocimiento del tejido pasaba de abuelos a nietos, de tíos a sobrinos. No había escuelas ni cursos. Era pura práctica. Los niños empezaban a ayudar como a los diez, doce años. Primero con las cosas básicas: separar lanas por color, torcer hilos, preparar los conchos de cerveza para teñir. Después aprendían a cardar y a hilar. Y finalmente, si tenían paciencia y habilidad, llegaban al telar.
Un habitante del municipio que hoy tiene más de sesenta años cuenta que él aprendió a los catorce con una señora que se llamaba Zoila Cárdenas. Ella vivía por donde ahora es el barrio 20 de Julio y hacía unos tapetes chiquitos que la gente usaba para arrodillarse en la iglesia. Se llamaban "tapetes de rodillero". Zoila teñía la lana con colorantes y la fijaba con conchos de cerveza. "Ella fue la que me enseñó todo," dice este habitante. "Trabajé con ella como seis meses hasta que agarré bien el hilo. Después don Carlos Chávez me dio trabajo en su taller y ahí terminé de aprender las cobijas y las ruanas."
Don Carlos Chávez, el papá de Lucho, era de los maestros más respetados del pueblo. Su taller quedaba en el centro y ahí pasaron decenas de muchachos a aprender. Algunos duraban años, otros solo meses. Pero todos los que salían de ahí salían sabiendo. Esa red de maestros y aprendices era también una red de amistades y parentescos. El muchacho que aprendía con don Carlos se hacía amigo del hijo de don Carlos. Después tal vez uno de ellos se casaba con una prima del otro. Así se tejían no solo ruanas sino familias enteras conectadas por el oficio.
Había una distinción que ahora ya nadie usa pero que antes importaba: las "mantas" eran las cobijas de colores, con diseños, con franjas. Las "cobijas" eran las blancas o del color natural de la lana, sin teñir. Los tapetes podían ser pequeños como los de Zoila o enormes de dos por tres metros, de tres por tres incluso. Esos grandes tomaban días enteros de trabajo sin parar.
Las ruanas se tejían antes en telares viejitos que hacían dos telas angostas que después tocaba coser en el centro. Esas ruanas antiguas tienen una costura que las atraviesa de arriba a abajo. Todavía se ven algunas por ahí porque duran muchísimo. Los telares modernos que llegaron en los años veinte, treinta, tejían la ruana completa de una, sin costura. Eso cambió todo porque era más rápido y quedaba mejor acabado.