Hablar de la lana en Villapinzón es hablar de memoria viva. No es una industria que llegó de afuera ni una moda pasajera, sino algo que está en el ADN de este municipio del altiplano cundiboyacense desde hace siglos. Cuando caminas por las calles del pueblo y ves a alguien con una ruana de franjas negras y rojas, estás viendo cinco siglos de historia condensados en una prenda. Estás viendo las manos de generaciones enteras que aprendieron a torcer hilos antes de aprender a escribir, que sobrevivieron al frío de estas montañas gracias al calor de la lana que ellos mismos tejían.