Esas variedades que encontraron los españoles cuando llegaron a América todavía existen. Se llaman "papas nativas" y tienen propiedades nutricionales especiales. Algunas son moradas por dentro, otras negras, otras con formas raras. El problema: no tienen mercado comercial. La gente no las conoce, los restaurantes no las piden, los supermercados no las venden. Entonces quedan como curiosidades botánicas en bancos de germoplasma, esperando que alguien las redescubriera.
En una quebrada llamada La Quincha, Francisco de Vargas Figueroa funda lo que entonces se conocía como Hato Viejo. No había bancos, ni carreteras, ni siquiera un nombre definitivo. Solo tierra fértil, montañas imponentes y familias dispuestas a trabajarlas. En esa época, Villapinzón todavía pertenecía al departamento de Boyacá y formaba parte de la parroquia de Turmequé.
Ya desde entonces, nuestros ancestros sembraban papa. Pero no cualquier papa: variedades nativas que los pueblos indígenas habían cultivado durante siglos, con técnicas que hoy llamaríamos orgánicas porque simplemente no había otra opción.
Algo curioso pasó en algún momento del siglo XIX: Boyacá necesitaba acceso al río Magdalena para comercializar sus productos. El Magdalena era la autopista del siglo antepasado, la ruta que conectaba el interior del país con el mundo exterior. Pero Boyacá no tenía salida.
Entonces se hizo un trato que cambiaría nuestra historia: Cundinamarca entregó Puerto Boyacá a cambio de que nos cedieran a Villapinzón. Así, de la noche a la mañana, dejamos de ser boyacenses para convertirnos en cundinamarqueses. Un trueque de territorios que definió nuestra identidad hasta hoy.
Imagina despertar a las 3 de la mañana, no para tomar café sino para sacar los bueyes a pastar. Así empezaba el día de nuestros abuelos. Sobre las 7 de la mañana regresaban con las yuntas de bueyes —animales fuertes, pacientes, amansados con paciencia— para comenzar a arar la tierra.
No había tractores ni sembradoras mecánicas. Todo se hacía a mano: el surcado, la siembra, el deshierbe, la cosecha. Las semillas se guardaban en los "zarzos", ese espacio entre la teja y el techo de las casas campesinas donde el calor del sol las hacía germinar lentamente.
En esos tiempos, la economía funcionaba por trueque. Las familias intercambiaban papa por miel de abejas, ovejas por trigo, cebada por… terrenos. Sí, leíste bien: algunas fincas se compraban literalmente con cosechas.
La mecanización cambió todo. Los primeros tractores llegaron tímidamente, pero transformaron la forma de cultivar. Lo que antes tomaba semanas con yuntas de bueyes, ahora se hacía en días. Las familias villapinzonenses, siempre arriesgadas y trabajadoras, se endeudaban para comprar maquinaria.
Aquí se vio una diferencia cultural curiosa: mientras en Chocontá (la cabecera de provincia) la gente abría cuentas bancarias para ahorrar, los villapinzonenses las abrían solo para acceder a créditos y sembrar más papa. No era un pueblo de ahorradores, sino de apostadores. Y esa mentalidad nos convirtió en lo que somos hoy.
Durante décadas, la reina indiscutible fue la parda pastusa: una papa rosada, seca, perfecta para caldos y sancochos. Pero el ICA (Instituto Colombiano Agropecuario) comenzó a sacar nuevas variedades mejoradas.
Llegaron la ICA Única (amarilla y grande), la Tuquerreña (morada para papa salada), la pana carriza (para industria). Cada variedad tenía su propósito. Los agricultores comenzaron a especializarse: unos para consumo fresco, otros para industria, otros para semilla.
También apareció la famosa R-12 (en Nariño la llaman "capira"), que hasta hoy es la papa estrella para las frituras industriales. Margarita, Superricas, Fritolay… todas dependen de esta variedad.
Para finales del siglo XX, Villapinzón ya era reconocido oficialmente como el primer productor de papa de Colombia proporcionalmente a su extensión. Un municipio pequeño que alimentaba al país entero.
Cundinamarca producía (y produce) el 38% de toda la papa nacional. Y dentro de Cundinamarca, Villapinzón lideraba. Los agricultores locales ya no solo trabajaban sus tierras: arrendaban terrenos en Chocontá, Ventaquemada, La Calera, Guatavita, Arcabuco, Samacá… Donde hubiera tierra fría y buena, ahí había un villapinzonense sembrando papa.
La Universidad Nacional y Fedepapa crearon nuevas variedades con nombre propio: "Villa" (en homenaje a nuestro municipio) y "Yaqui". Se instalaron invernaderos para producir minitubérculos y semilla certificada.
El Centro Agroindustrial de la Papa se convirtió en el corazón de la investigación. Aquí se multiplican variedades, se experimenta con nuevas técnicas, se producen plántulas in vitro. Villapinzón pasó de ser solo productor a ser también innovador.
Los tratados de libre comercio golpearon durísimo. De repente, era más barato para las empresas importar papa precocida congelada desde Europa que comprarla fresca a los campesinos colombianos. Las multinacionales optaron por lo más rentable, y las familias paperas entraron en crisis.
En 2012 comenzaron las protestas. En 2013 estalló el Paro Nacional Agropecuario que paralizó carreteras en todo el país. Los agricultores de Villapinzón estuvieron en primera línea, exigiendo protección, precios justos, apoyo gubernamental. No pedían limosnas: pedían que se respetara su trabajo.
Algo se logró: el Centro Agroindustrial de la Papa fue uno de los frutos de esas luchas. Pero la situación estructural siguió siendo difícil.
Hoy Villapinzón tiene más de 300 tractores. Las tecnologías han avanzado: hay sembradoras automáticas, fumigadoras de precisión, máquinas cosechadoras (aunque en nuestras tierras quebradas son difíciles de usar).
Pero los costos se dispararon. Producir una hectárea de papa cuesta entre 38 y 40 millones de pesos. Los insumos son caros porque la materia prima viene de Rusia y Ucrania. Las plagas se volvieron resistentes: donde antes se hacían 3 fumigadas, ahora se necesitan 14.
El consumo de papa en Colombia cayó dramáticamente: de 65 kilos por persona al año, ahora estamos en apenas 38 kilos. Las importaciones siguen creciendo: se traen 110,000 toneladas de papa precocida congelada, que equivalen a 330,000 toneladas de papa fresca que los campesinos colombianos podrían estar produciendo.
De las 110,000 familias que vivían de la papa en 2012, hoy quedan menos de 90,000. Veinte mil familias tuvieron que abandonar el campo. Los jóvenes miran a sus padres endeudados con los bancos, trabajando toda la vida sin salir de la pobreza.
Villapinzón está a punto de cumplir 250 años de historia. Un cuarto de milenio de trabajo, sudor, cosechas, pérdidas y victorias. Seguimos siendo el primer productor de papa de Colombia. Nuestros agricultores siguen siendo los más trabajadores, los más arriesgados, los más resilientes.
Pero el futuro es incierto. ¿Lograremos que el gobierno proteja la producción nacional? ¿Volverá a ser rentable sembrar papa? ¿Los jóvenes villapinzonenses decidirán quedarse en el campo o migrarán a las ciudades como miles ya lo hicieron?
Lo que sí sabemos es esto: 250 años de historia no se borran fácilmente. Villapinzón no es solo un municipio papero. Es una comunidad de gente que no se rinde, que apuesta todo en cada cosecha, que cuando cae se levanta y vuelve a sembrar.
Y mientras haya tierra fría en estas montañas, mientras corran las quebradas, mientras haya manos dispuestas a trabajar, Villapinzón seguirá siendo lo que siempre ha sido:
La capital papera de Colombia.
Antes no existían las bodegas refrigeradas ni los bultos plásticos. Las semillas de papa se guardaban en los "zarzos", ese espacio entre la teja y el cielo raso de las casas campesinas. El calor del sol que se acumulaba ahí durante el día hacía germinar las papas lentamente, preparándolas para la siembra. Era tecnología ancestral sin saberlo.
En la época del trueque (principios del siglo XX), algunas familias literalmente intercambiaban terrenos por cosechas. "Te doy esta carga de papa, esa oveja y dos kilos de miel... y me das ese lote al lado de la quebrada." Hoy suena absurdo, pero funcionaba perfectamente en una economía sin bancos.
Cuando se araba con yuntas de bueyes, los campesinos los sacaban a pastar a las 3 de la madrugada. Regresaban sobre las 7 AM para comenzar a trabajar la tierra. Los animales necesitaban descansar, comer bien y estar fuertes. Era un ritual diario que definía el ritmo de vida de todo el municipio.
Bueno, técnicamente Cundinamarca produce el 38% y Villa Pinzón es el municipio líder en el departamento. Pero considerando que somos un municipio pequeño (235 km²), la cifra es impresionante. Proporcionalmente a nuestra extensión, somos el primer productor nacional. Boyacá produce 27-28%, Nariño 15-16%, y el resto se reparte entre otros departamentos.
Y la mayoría están en Perú, donde existe el Centro Internacional de la Papa. Colombia tiene más de 1,400 variedades registradas en el banco de germoplasma del ICA. Algunas son comestibles, otras no. Algunas eran venenosas en su estado natural y los pueblos indígenas aprendieron a procesarlas para hacerlas seguras.
Perú puede tener el centro internacional de la papa y 4,500 variedades... pero nuestra criolla amarilla pequeñita es única. Ni en Perú, ni en Bolivia, ni en ningún otro país existe una papa con exactamente el mismo sabor, textura y características. Por eso se exporta a Japón y España, donde la pagan a precios premium. Es como el café colombiano: simplemente no se puede replicar.
Perú puede tener el centro internacional de la papa y 4,500 variedades... pero nuestra criolla amarilla pequeñita es única. Ni en Perú, ni en Bolivia, ni en ningún otro país existe una papa con exactamente el mismo sabor, textura y características. Por eso se exporta a Japón y España, donde la pagan a precios premium. Es como el café colombiano: simplemente no se puede replicar.
Para un municipio de apenas 20,000 habitantes, tener 300+ tractores es una barbaridad. Algunos con sembradoras automáticas, otros con fumigadoras de precisión, otros con maquinaria para desyerbar. Pasamos de yuntas de bueyes a ser uno de los municipios más mecanizados del país en menos de 100 años.
Nuestros abuelos fumigaban con productos naturales (ceniza, cal) unas 3 veces durante los 6 meses del cultivo. Hoy, con químicos industriales, hay que fumigar 14 veces. ¿Por qué? Porque las plagas se volvieron resistentes. Es una carrera armamentística: las plagas evolucionan, los químicos se vuelven más fuertes (y más caros), y los agricultores quedan atrapados en el medio.
En los años 80-90, cada colombiano comía 65 kilos de papa al año. Hoy apenas consumimos 38 kilos. ¿Las razones? Desinformación ("la papa engorda", "la papa es mala"), cambios en los hábitos alimenticios, competencia con otros carbohidratos. Y esa caída en el consumo golpea directo a las familias paperas.
Hace poco más de una década, 110,000 familias colombianas vivían de la papa. Hoy quedan menos de 90,000. Esas 20,000 familias que se fueron representan historias de quiebra, migración forzada, sueños truncados. Muchos se mudaron a las ciudades para trabajar en construcción, seguridad, servicios. Muy pocos encontraron algo mejor que lo que tenían en el campo.
Durante décadas fue LA papa de Colombia: rosada, seca, perfecta para caldos y sancochos. Pero perdió mercado frente a variedades más productivas y resistentes como la Pastusa Superior. Hoy, si quieres sembrar parda pastusa auténtica, solo puedes conseguir la semilla certificada en el ICA o en centros especializados. Ya casi no se cultiva comercialmente. Es como esos platos tradicionales que solo la abuela sabe hacer.
Esa papa que te comes en chips de bolsa probablemente sea R-12 (en Nariño la llaman "capira"). Apareció hace décadas y nunca fue superada. Es la papa perfecta para freír: tamaño ideal, bajo contenido de agua, color dorado, textura crocante. Todos los intentos de crear una variedad mejor fracasaron. La R-12 es como el Nokia 3310 de las papas: vieja, confiable, indestructible.
En 2013, los agricultores salieron a las calles en el Paro Nacional Agropecuario. Bloquearon carreteras, protestaron, exigieron. El gobierno tuvo que negociar. Uno de los resultados fue el Centro Agroindustrial de la Papa en Villa Pinzón, donde hoy se investigan nuevas variedades, se producen minitubérculos y se capacitan agricultores. No fue un regalo: fue una conquista.
Esas variedades que encontraron los españoles cuando llegaron a América todavía existen. Se llaman "papas nativas" y tienen propiedades nutricionales especiales. Algunas son moradas por dentro, otras negras, otras con formas raras. El problema: no tienen mercado comercial. La gente no las conoce, los restaurantes no las piden, los supermercados no las venden. Entonces quedan como curiosidades botánicas en bancos de germoplasma, esperando que alguien las redescubra.
Esas variedades que encontraron los españoles cuando llegaron a América todavía existen. Se llaman "papas nativas" y tienen propiedades nutricionales especiales. Algunas son moradas por dentro, otras negras, otras con formas raras. El problema: no tienen mercado comercial. La gente no las conoce, los restaurantes no las piden, los supermercados no las venden. Entonces quedan como curiosidades botánicas en bancos de germoplasma, esperando que alguien las redescubra.
El presente contenido se apoya en memoria oral local, fuentes historiográficas sobre Villapinzón y documentos institucionales relacionados con la producción de papa en Colombia y en Cundinamarca.
Escobar, L. A. (ca. 1985). Villapinzón. Biblioteca Luis Ángel Arango, Banco de la República.
Molina Prieto, L. F. (Comp.). (2015). Villapinzón, cuna del río Bogotá. Alcaldía Municipal de Villapinzón.
Observatorio de Información Rural y Agropecuaria – Agronet. (2023, 12 de mayo). Cundinamarca, Boyacá, Nariño y Antioquia representan 90 % de la producción de papa. Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA).
Federación Colombiana de Productores de Papa – FEDEPAPA. (2023). Ficha técnica de proyecto sobre nuevas variedades de papa. Documento técnico que registra las variedades Bachué, Villa y Jacky, desarrolladas en convenio con la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia.
Federación Colombiana de Productores de Papa – FEDEPAPA. (2025). Boletín Quincenal No. 212. Informe sobre importaciones de productos con base en papa en Colombia durante 2024.
Gobernación de Cundinamarca. (s. f.). Al servicio el primer centro regional de impulso al sector papero. Documento institucional sobre el centro regional ubicado en Villapinzón.
Finagro. (2016). Gobierno entrega centro agroindustrial a productores de papa de Cundinamarca y Boyacá. Nota institucional sobre la entrega del centro agroindustrial al sector papero regional.
Molina, O. (2026). La importancia de la papa en Villapinzón [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=TH5itTHx9Qk