Los hijos destacados de Villapinzón: deportistas, artistas, educadores y líderes comunitarios que llevan con orgullo el nombre del municipio cundinamarqués. Más allá de los cargos públicos, Villapinzón tiene hijos e hijas que han brillado en distintos campos de la vida colombiana. Deportistas que conquistaron podios, artistas que expresaron nuestra identidad, educadores que transformaron comunidades y líderes que construyeron futuro. Esta sección es su reconocimiento: personas que llevan el nombre de Villapinzón con orgullo genuino donde quiera que van.
Viviana Gómez es una artista plástica y muralista oriunda de Villapinzón, Cundinamarca, reconocida por llevar el nombre de su municipio a través de murales de gran formato en múltiples territorios de Colombia. Su seudónimo artístico, Quincha, es una palabra de origen muisca con la que se denominaba al colibrí —ave que habita la vereda Quincha de Villapinzón y símbolo recurrente en toda su obra—, y representa su filosofía de vida: volar de lugar en lugar dejando color, pero siempre volver al nido.
Criada en el campo de Villapinzón, Gómez desarrolló desde pequeña una sensación intensa ante los colores del paisaje, las texturas del suelo y los procesos artesanales de su familia. Sus abuelos manejaban un telar de ruanas, su padre era maestro de construcción con gran creatividad manual, y su madre le brindó constante libertad creativa. Estos estímulos tempranos se convirtieron en la raíz de su vocación artística.
Inició su trayectoria con retratos al óleo —especialmente de adultos mayores del municipio— que le valieron su primera exposición local. Esa muestra fue el punto de inflexión que le demostró que era posible vivir del arte. Posteriormente se adentró en el muralismo, donde ha ejecutado piezas de gran formato en departamentos como Boyacá, interviniendo fachadas enteras con narrativas visuales que investigan la identidad cultural, la fauna local y los territorios que retrata.
Estudia Artes Plásticas a nivel universitario y recibió formación inicial en la Fundación El Fazul, bajo la guía del profesor Antonio Sánchez. Entre sus proyectos más destacados figura un mural colaborativo en la fachada del edificio Green Life, realizado en trabajo conjunto con el artista Ciervo, donde ambos trabajaron durante semanas en un andamio colgante para crear una obra de escala urbana que celebra la relación entre la naturaleza y la ciudad. Viviana Gómez se proyecta como una de las voces más auténticas del muralismo colombiano con raíces campesinas.
Yeisson García Sánchez es un realizador audiovisual y animador de stop motion oriundo de Villapinzón, Cundinamarca. Conocido artísticamente como Jason García, es uno de los creadores cinematográficos más reconocidos que ha dado el municipio, con participaciones en festivales de cine nacionales e internacionales en países como Estados Unidos, Argentina, México, Perú, España y Colombia.
García estudió Medios Audiovisuales con énfasis en cine en el Politécnico Gran Colombiano de Bogotá y posteriormente realizó una especialización en stop motion en el Taller del Chucho, instituto fundado por el cineasta Guillermo del Toro en Guadalajara, México. Su incursión en el stop motion fue fortuita: buscando alternativas económicas para producir su primer cortometraje, descubrió este lenguaje de animación cuadro a cuadro y lo convirtió en su sello personal.
Entre sus obras más reconocidas se encuentran Un último abrazo, El primer día y Magia, una ilusión, este último el trabajo que le dio proyección internacional al obtener el segundo lugar en el festival Facción y Becas (Los Ángeles, California), compitiendo con obras producidas con equipos profesionales de alto presupuesto. Los cortometrajes de García se distinguen por sus claroscuros fotográficos, bandas sonoras emotivas y narrativas que abordan emociones humanas profundas.
Además de su labor como realizador, García ejerce la docencia en el campo audiovisual y trabaja actualmente en un nuevo proyecto de largometraje orientado a festivales de categoría A como Berlín, Cannes y Sundance. Es un referente para los jóvenes artistas de Villapinzón y un ejemplo de que es posible abrirse camino en industrias altamente competitivas partiendo desde un municipio de provincia.
Rodrigo Contreras Pinzón es un ciclista profesional oriundo de Villapinzón, Cundinamarca, y uno de los colombianos más exitosos en el ciclismo de ruta de alto nivel. Nacido hace 25 años en ese municipio cundinamarqués, Contreras es un ejemplo de cómo la determinación y la resiliencia pueden llevar a un atleta desde las veredas del campo colombiano hasta los pelotones del World Tour europeo.
Su pasión por las bicicletas nació a los 4 años, cuando ya andaba por Villapinzón en velocípedo. A los 10 años comenzó en ciclomontañismo con una bicicleta de cross bajo la guía inicial de Bernardo Pedraza, formador local, y posteriormente del entrenador Serafín Bernal en Tunja. Con apenas 20 años firmó con el equipo belga Etixx Quick-Step para el World Tour, uno de los contratos más codiciados del ciclismo mundial.
Entre sus logros más destacados figuran: etapa en la Vuelta a Bolivia, campeonato panamericano contrarreloj sub23, campeonato nacional contrarreloj élite, Vuelta al Valle del Cauca, dos Vueltas al Tolima, medallas de oro en los Juegos Bolivarianos, Suramericanos y Centroamericanos en contrarreloj, y una etapa en el Tour de Ruanda 2019 con el equipo Astana. Su fichaje por Astana en 2019, por recomendación de Miguel Ángel López, lo consagró como referente del ciclismo colombiano en el exterior.
La carrera de Contreras no ha estado exenta de adversidades: una rodilla mal curada tras una caída en el Tour de San Luis frustró su primera etapa en Europa con el Quick-Step. Pero cada caída ha sido respondida con un nuevo impulso. Hoy es considerado por sus entrenadores uno de los ciclistas colombianos más disciplinados, capaz de rodar 200 km diarios para mantenerse en forma. Rodrigo Contreras es el ciclista más internacional que ha producido Villapinzón hasta la fecha.
Óscar Fernández, conocido en el mundo del ciclismo colombiano como El Cholito, es un ciclista profesional nacido en la vereda Huanguita Alto del municipio de Villapinzón, Cundinamarca. Hijo de Humberto Fernández y Gloria González, creció en un hogar rural dedicado a la agricultura y la ganadería, donde la bicicleta fue desde temprana edad su medio de transporte cotidiano entre el campo y el colegio.
Su amor por la bicicleta se despertó a los 8 años cuando su madrina Mireya le regaló su primera bicicleta en Navidad. El recorrido diario entre su casa en Huanguita Alto y la Institución Educativa Luis Antonio Escobar —de la que se graduó en 2017— fue su entrenamiento involuntario durante años. El verdadero impulso hacia el ciclismo de competencia vino de la pérdida de su hermano Edgar, también ciclista prometedor, quien falleció en un accidente antes de llegar a ser profesional. Óscar decidió cumplir el sueño que su hermano no pudo alcanzar.
Bajo la guía del entrenador Bernardo Pedraza —leyenda del ciclismo local— y posteriormente de Germán Chávez, Fernández avanzó por las categorías juveniles hasta ser fichado por el Team Boyacá, su primer equipo profesional. Su palmarés incluye ser campeón de los sprints especiales en la Vuelta a Colombia (2022), etapas en la Vuelta Antioquia y múltiples top cinco en competencias nacionales. En 2023 fue fichado por EPM —hoy NU Colombia— con quien realizó una de sus mejores actuaciones en la Vuelta a Colombia.
Su carrera atravesó una grave crisis cuando en 2022 fue sancionado por 18 meses por la presencia de una sustancia diurética prohibida en su organismo, que él atribuyó a una pastilla suministrada inadvertidamente por un compañero de habitación. Tras cumplir la sanción con integridad y sin dejar de entrenar, regresó al profesionalismo con el Team Medellín en 2025, renaciendo como uno de los velocistas más apetecidos del pelotón colombiano. Óscar Fernández es un símbolo de resiliencia y orgullo villapinzonense.
Bernardo Pedraza es un exciclista profesional y formador deportivo nacido en 1972 en Villapinzón, Cundinamarca, reconocido como uno de los pilares más importantes del ciclismo local. Su figura trasciende la pista: es el entrenador que inició en la disciplina a figuras como Rodrigo Contreras —hoy corredor del World Tour europeo—, Germán Chávez, Óscar Fernández y decenas de jóvenes de las veredas del municipio.
Hijo de Santiago Pedraza y Custodia Romero, Pedraza aprendió a montar en bicicleta por iniciativa propia, inspirado en los relatos de radio sobre Rafael Antonio Niño y posteriormente en las imágenes televisadas del Tour de Francia con Lucho Herrera y Fabio Parra. Estudió bachillerato académico nocturno mientras trabajaba en una bicicletería y entrenaba madrugando, un ritmo de vida que definió su carácter.
Su carrera profesional incluyó cuatro años en el equipo Manzana Postobón, donde fue uno de los líderes del equipo. Participó en la Vuelta a Colombia, el Clásico RCN, la Vuelta a la Juventud y numerosas competencias regionales. Un accidente en la Clásica Colprensa de 1995 —que le provocó la fractura de la rótula y el fémur izquierdo— truncó su trayectoria ascendente. Tras una difícil recuperación y varios años en equipos menores, se retiró en 1999.
La segunda vida de Pedraza fue como docente en las escuelas de formación de ciclismo de la Alcaldía de Villapinzón, labor que desempeñó durante 22 años. Con trasmotos y entrenamientos organizados en la Villa Olímpica y las veredas del municipio, formó generaciones de ciclistas que hoy representan a Colombia en el exterior. Su mayor orgullo no es económico, sino ver a sus pupilos conocer el mundo a través del deporte.
María Fernanda Rubiano Pulido, conocida como Mafe, es una violista villapinzonense que se ha convertido en una de las músicas de cuerda más destacadas que ha dado Cundinamarca. A los 27 años se encuentra cursando un doctorado en interpretación de viola en la Universidad de Montreal (Canadá), con una estancia de intercambio en la Universität für Musik und darstellende Kunst Wien (Universidad de Música y Arte Dramático de Viena, Austria).
Su relación con la música comenzó en las escuelas de formación de cuerdas frotadas de Villapinzón, donde ingresó inicialmente por seguir a sus amigas. Fue su profesor Víctor Hugo Cárdenas quien la acercó primero al violín y luego la convenció de cambiar a la viola —instrumento del que hoy es doctoranda—. La viola la sedujo con su timbre más grave y su rol armónico de acompañamiento dentro de la orquesta.
Su trayectoria académica incluye el pregrado en música en la Universidad Central de Bogotá (graduada en 2021, en plena pandemia), la maestría, una especialización y el doctorado en la Universidad de Montreal, institución donde es guiada por la profesora Cintia Blanchon. Ha integrado orquestas como la Sinfónica Nacional de Colombia, la Filarmónica Joven de Colombia, la National Youth Orchestra of Canada (ENAYO), la orquesta de la Universidad de Montreal, y agrupaciones de regiones de Canadá y Alemania.
Su proyecto doctoral investiga la obra del compositor colombiano Luis Antonio Escobar —curiosamente, el mismo nombre que lleva la institución educativa más importante de Villapinzón—, y ha sido presentado en congresos internacionales de viola en Europa. Mafe Rubiano es un ejemplo de constancia, curiosidad y lealtad a su vocación, llevando la música colombiana a los escenarios más exigentes del mundo.
Rubén Darío Fernández Gordillo es un pintor costumbrista nacido en Villapinzón, Cundinamarca, cuya obra constituye uno de los registros visuales más auténticos de la vida campesina y la memoria colectiva de esta región del altiplano cundiboyacense. Hijo de José Fernández y Josefina Gordillo, creció en el seno de una familia humilde profundamente enraizada en las tradiciones del campo, valores que con el tiempo se convertirían en el corazón de su arte.
Su vocación artística despertó de manera espontánea desde la infancia. A los ocho años, sin maestros ni academia, comenzó a trazar con carboncillo los árboles y casitas que veía a su alrededor. Ese impulso autodidacta nunca lo abandonó: con el tiempo exploró el vinilo, el acrílico y el óleo, construyendo su propio lenguaje pictórico a través de la observación, la lectura y el contacto directo con la gente y el paisaje. Fernández Gordillo se define a sí mismo como un artista empírico, y es precisamente esa autenticidad —esa ausencia de filtros académicos— lo que dota a su pintura de una frescura y una honestidad poco comunes.
En 2009, tras cinco años de trabajo sostenido, realizó su primera exposición individual en la Escuela Normal Departamental de Villapinzón, con cuarenta obras que causaron una profunda impresión en la comunidad local. El éxito de aquella muestra lo animó a continuar: entre 2010 y 2015 presentó exposiciones anuales, convirtiéndose en una figura central de las ferias y festividades del municipio. Su presencia abrió el camino a otros pintores de la región, como Caterina Orjuela, Romero y David Cortés, contribuyendo a consolidar una escena artística local que antes apenas existía.
En 2017 su obra trasciende las fronteras del municipio: uno de sus cuadros es seleccionado para un concurso nacional convocado por la Fundación B, con exposición en Bogotá. Entre sus trabajos más representativos se destaca el gran lienzo Recuento Histórico de Villapinzón, una obra de 240 centímetros que evoca la vida del municipio a partir de 1950, sus costumbres, personajes y paisajes. Más recientemente, donó a la comunidad un Cristo —pintado para la Bavita— que rompe con los iconos tradicionales al mostrar una imagen de esperanza más que de sufrimiento, generando debate y emoción a partes iguales.
Para Fernández Gordillo, el arte no es una mercancía sino una huella: algo que las generaciones futuras puedan reconocer como suyo, como parte de su historia. Con 63 años, sigue pintando, enseñando con el ejemplo y recordando a los jóvenes que quien toma un pincel difícilmente se pierde en el camino. Su historia es la de un hombre que encontró en el color y la forma una manera de amar su tierra, de preservar su memoria y de devolver belleza a quienes la habitan.